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Protección "In Situ"

Las medidas legales para la protección «in situ» de la flora canaria, tienen hoy día un desarrollo que puede calificarse de satisfactorio o de muy satisfactorio.

A un nivel internacional existen dos espacios con la denominación de "reservas de la Biosfera" según la red desarrollada en todo el mundo a partir del programa MAB (Man and Biosphere). Tales reservas son, por un lado, "El Canal y Los Tiles" creada el 8 de junio de 1983 en la isla de La Palma, y por otro, "Lanzarote" creada el 7 de octubre de 1993 y que comprende la totalidad de la isla.

Cuatro de los actuales diez parques nacionales se encuentran en el archipiélago, una proporción que no hace más que sintonizar con el peso que la flora canaria representa para el conjunto del país. Una buena coincidencia que no fue realmente intencionada, porque los parques nacionales se crearon en su día mucho más por criterios paisajísticos que para proteger la flora (la introducción de muflones en Las Cañadas es buena prueba de ello). Pero así como en la Península sólo una pequeña fracción de la flora se encuentra legalmente protegida dentro de los seis parques restantes, la proporción que comprenden los cuatro canarios es proporcionalmente mucho mayor (ver en uno de los índices finales la presencia de las especies de este Libro Rojo en los cuatro parques canarios).

Pero la historia de los muflones del Teide es una historia que pertenece al pasado, como otras historias de explotación de retamas y de pómeces, de anuncios hechos con piedras en el incomparable Valle de Ucanca, o de repoblaciones forestales muy poco naturales. En 1973, con otros participantes del I Congreso Pro Flora Macaronésica, pudimos anotar una larga lista de "cosas que no deberían ocurrir en un parque nacional". Sólo diez años después fue una gran satisfacción comprobar que todo lo que era reparable ya había sido reparado, y una agradable sorpresa apreciar la calidad del nuevo centro de visitantes. Se me dijo con orgullo que nunca en la historia reciente había estado el Circo de Las Cañadas tan bien conservado, y todo indica que es cierto. Quitando que el parador y la telecabina podrían haberse ubicado algo más discretamente en su día, es obvio que la vegetación tenía ya hacia 1983 un aspecto excelente, y también es posible que los muflones residuales hagan ahora menos daño que las antiguas concentraciones veraniegas del ganado de los aborígenes.

La situación de los parques nacionales parece, por tanto, francamente buena ahora para el visitante. Pero posibles catástrofes naturales como el fuego de Garajonay en septiembre de 1984 o la presencia aún importante de los herbívoros introducidos en la Caldera de Taburiente, nos indica que todavía queda un camino por recorrer.

El Gobierno Autónomo de Canarias ha dado a su vez un paso de gigante al declarar un número elevado de parques naturales y otras figuras de protección. La anterior Ley 12/87 de 19 de junio de Declaración de Espacios Naturales, incluía 34 parques naturales y 70 parajes naturales. En la actual Ley 12/94 de 19 de diciembre de Espacios Naturales, se diversifican las figuras de protección tal como podemos ver en el siguiente cuadro, con el número de ellas en cada isla:

H
P
G
T
C
F
L
Reservas naturales integrales 2 1 1 4 2 - 1
Reservas naturales especiales 1 1 1 6 6 - -
Parques naturales - 2 1 1 2 3 2
Parques rurales 1 - 1 2 2 1 -
Paisajes protegidos 2 4 1 9 7 2 2
Monumentos naturales 1 7 8 14 9 6 5
Sitios de interés científico - 3 3 6 4 1 2

Se ha puesto especial énfasis en hacer referencia a los distintos espacios arriba mencionados en las fichas individuales de especies, por lo mucho que significan en materia de conservación "in situ". Ser exhaustivos nos hubiera resultado difícil en este momento, pero también incluimos, en el mismo índice de los parques nacionales, la presencia de las especies en algunos de los otros espacios protegidos más destacados.

Puede observarse que las fichas abundan en comentarios sobre la necesidad de adoptar y hacer cumplir medidas protectoras eficaces dentro de los espacios catalogados. Parece haber todavía, efectivamente, un déficit de ellas, y retrasos en la definición y puesta en marcha de los planes de uso y gestión de los espacios más recientemente declarados; pero ello parece disculpable en un principio, sobre todo si ha estado por medio un perfeccionamiento de la Ley misma, y entendiendo que las cosas no se detendrán en esta primera fase. A los críticos a quienes la declaración de espacios naturales les parece una mera "etiqueta", habría que decirles que para dar segundos y terceros pasos, hay que empezar por un primero.

 

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